miércoles, 4 de agosto de 2010

Si me vieran mis profesores de inglés...

Creo que si me vieran ahora mis profesores, no se creerían que de verdad soy yo la que está hablando en inglés. Me noto bastante suelta aquí, aunque no entiendo muchas cosas de las que me dicen y me comunico como los indios. Pero cada día aprendo muchas cosas nuevas.

Llevo cinco días en Inglaterra, y es cierto que está siendo más duro de lo que imaginaba.

He llegado a Chicksands, la base militar en la que vive la familia...mi familia.

Y todo es una locura.

Para empezar, son cuatro niños, aunque del pequeño, Owen, no me tengo que ocupar. Pero los otros tres ya son otra historia: son maleducados, malcriados, gritones y llorones. Insoportables es una palabra que les va muy bien. El único que se salva un poco es Thomas, el mayor, que, aunque un poco mimado y melodramático, me ayuda en lo que puede y no me ve como una criada, como sus otros dos hermanos, Lewis y Dylan, que son muy irritantes. Se echan a llorar por todo y por nada: cualquier cosa es para ellos el fin del mundo.

Ayer, por ejemplo, les estaba preparando el desayuno y Dylan empezó a llorar porque no le había preparado los cereales como a él le gustaba. You are stupid!, me decía una y otra vez. Harta, le quité el bol de la mesa y le dije que no había desayuno para él. Fue corriendo a decírselo a su madre, que le dijo que me pidiese perdón y se portara bien.

Me pidió perdón y se portó bien. You aren´t stupid, me dijo. Le dejé que se hiciese el desayuno como quisiera, y todo quedó en paz. Pero es sólo un ejemplo del melodrama que montan por cualquier cosa.

De todas maneras, estoy bien aquí. Aunque los niños tienen momentos en los que se merecerían una buena torta, hay otros en los que me derrito con ellos. Admito que me he enamorado del más pequeño de todos, Owen, de un año. Es una criatura adorable y se porta estupendamente: ya podrían aprender de él sus hermanos mayores, aunque Thomas no va mal encaminado. Parece tenerme aprecio, porque cada vez que me ve por la casa viene corriendo y me da un buen abrazo. Aunque el primer día que estuve aquí me dio un susto tremendo, porque - estando yo sola en casa - vino muy tarde y empapado de arriba abajo. Me lo encontré en el pasillo que va a mi habitación, llorando y llamando a su madre. Le abracé y le pregunté qué había pasado, pero él sólo llamaba a su madre, desesperado, así que le quité la ropa y le envolví en una toalla seca. Le tumbé en mi cama y, sin despegarme de él, llamé a su madre, que estaba de compras con el resto de los chicos. Al parecer, estaba en una atasco, pero no tardaría en llegar.

Eso pareció calmar a Tom, que me pidió la cena. Aliviada de que dejase de llorar, le di gustosamente un sabroso plato de pizza que el niño practicamente engulló. Cuando llegó la madre, me dio las gracias por haberme ocupado de Tom y disculpas por el mal trago que había pasado. Luego, me dio un abrazo.

He de decir que la madre, Gemma, es encantadora conmigo. Se preocupa mucho por mí y siempre está pendiente de mi bienestar. Are you OK?, me pregunta cada vez que me ve. También me hace muchas preguntas sobre mí. Ayer me preguntó: Do you like tuna?...Yo me quedé callada, sin saber lo que era la "tuna". Hasta que encontre una similitud bastante desacertada y dije: The tuna of Salamanca? Gemma me miró un momento y dijo: What is "Salamanca"?

Salamanca is a city of Spain, le respondí, y ella se quedó mirándome con cara de "qué me está contando esta". A continuación, sacó una lata de la nevera y me la enseñó. Resulta que tuna es atún en inglés. Bravo por mí.

Otro día me dijo que fuera a la tienda de la base a por, lo que yo entendí, Coffee, café. Fui, compré el café, volví y ella me dijo que no era coffee lo que me había dicho, si no caffee. Al parecer, es café para comer: una cosa muy rara.

Fui de nuevo a la tienda pero me dijeron que allí no tenían caffee, pero que en la tienda de la iglesia sí. Me dirigí allí, pero cuando llegué ya estaba cerrada. Volví a casa hecha un matojo de nervios porque no había conseguido el dichoso caffee. Pero cuando llegué a casa y se lo dije a Gemma, ella se echó a reír y me dijo que el caffee no era para ella, si no para mí. Casi me muero del alivio que sentí.

También es verdad que trabajo mucho. Me levantó a las siete de la mañana, me ducho, hago el desayuno a los niños, limpio la cocina (que los críos ensucian cada dos por tres), limpio la planta baja de la casa, hago las habitaciones de los niños, friego los platos, vuelvo a hacer las camas de los niños, vuelvo a fregar los platos, y vuelvo a pasar la aspiradora por el salón. Y todo antes de las nueve y media de la mañana. A partir de entonces, tengo un poco de tiempo para mí, aunque los lunes mi tiempo de trabajo se alarga porque también limpio la parte de arriba y los baños...y los martes y jueves plancho la ropa de los niños. A las doce hago la comida para mí y para los niños. Friego los platos. Limpió otra vez el salón. Limpio y plancho mi ropa. Me ocupo un poco de los caprichos de los niños. Friego los platos. Limpio el salón. Limpio la guardería (parte de la casa es la guardería de la base).Friego los platos.

Nadie dijo que fuera fácil.

Pero en definitiva, estoy bastante bien aquí. El lugar es precioso: está todo verde, hay una cascada y un río cuya rivera está llena de sauces. Y campos y campos cubiertos de hierba verde. Me encanta, aunque esté la mayor parte del tiempo lloviendo.

Típico inglés, supongo.