Realmente, la gente se debe pensar que yo soy medio tonta o algo así, porque si no, no me explico el comportamiento que algunas personas tienen conmigo.
Primero me miran y me remiran, y deben pensar algo como: "qué cara de buena que tiene. Esta no ha roto un plato en su vida." Y ya como que se comportan de otra manera conmigo y me ven como alguien que "les corta el rollo".
Luego, es verdad que yo ayudo a esa impresión, dado que, en círculos que no conozco, soy muy cerrada y apenas hablo. Pero es que a mí no me gusta hablar más de lo necesario, y mucho menos cuando lo que se dice a mi alrededor no tiene la menor importancia para mí. Además, cuando conozco a alguien no me lanzo a hablar como hace todo el mundo, si no que primero le observo, le escucho, y cuando creo haberle tomado las medidas, es cuando tanteo el terreno.
Pero la gente eso o no lo sabe o no lo comprende, y creen que soy tonta de capirote porque me quedo callada. Entonces es cuando pasan de mí o me tratan con una "actitud especial", hablándome con cierta lentitud, como si yo fuera corta de entendederas. Más de una vez me he mordido la lengua para no soltar una frase cortante y dejarles como auténticos idiotas.
No he sido bendecida con el don de la labia, me temo, y por eso hablar me resulta tan difícil. Pienso mucho en las palabras correctas, en lo que puedo decir y lo que no, porque procuro no molestar a nadie y agradar a los demás. Y a veces eso me ha traído de cabeza. Cuando hablo, cuando estoy en un sitio que no me es cómodo, estoy totalmente en tensión, teniendo mucho cuidado con lo que digo o dejo de decir. Y eso es algo absolutamente estresante, os lo aseguro.
Soy alguien difícil de entender, lo sé, y muchas veces hago perder la paciencia a la gente, amén de sorprenderlos cuando estoy en un sitio conocido y familiar: es entonces cuando me relajo, desconecto y me comporto como realmente quiero. Digo, hago y pienso lo que me da la real gana, por eso ciertas personas son incapaces de relacionar a esa chica que se ríe ruidosamente, que habla sin parar y no se corta un pelo con la otra que una hora antes era incapaz de mirarles a los ojos, hablaba en voz muy baja y no expresaba lo que realmente sentía.
Sí, lo admito: tengo un trastorno de bipolaridad. O es el trastorno que me imponen los demás, no lo sé con seguridad.
De lo que sí estoy segura es que no se debe juzgar a una persona por la primera impresión, porque cada persona es un mundo profundo, cerrado y brillante, y se necesita tiempo para conocerlo en su totalidad. Puede que a la primera, alguien te parezca un idiota de cuidado, pero con el tiempo quizás te dés cuentas de no era más que una máscara para ocultar al mundo su verdadera cara.
Pero si sólo te quedas con la primera impresión, no llegarás a saberlo nunca. Es necesario tener paciencia...y en mi caso, mucha, muchísima paciencia...
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