Venga, fuera hipocresía, fuera los típicos comentarios de:¡qué superficial!
Cierto, una de las cosas más importantes para las personas es el aspecto físico. Obviamente, la primera impresión que se queda en alguien que acabamos de conocer es el aspecto de cada uno: el problema es que la mayoría de la gente se queda ahí, como si fuera la único que importara. No ven más allá de las apariencias.
Si eres bajito, gordito y tienes gafas de culo de vaso, la mayoría de las personas no se molestarán en mirarte dos veces: simplemente, se encenderá una lucecita en su mente y te catalogaran como "no es guapo, no es atractivo, por lo tanto, no es interesante". Ya puedes tener una inteligencia arrolladora o una simpatía sin límites: si no abres la boca, te quedarás con esa calificación.
En cambio, un chico alto y fuerte, con pinta de tener ascendencia nórdica a juzgar por su pelo rubio y sus ojos azules, enseguida llamará la atención de todo el que le rodee. A lo mejor no es listo, quizás no tenga carisma, tal vez sea un lerdo de cuidado, pero...¡eh, es guapo, caray!
La gente se ciega con la belleza: son como niños observando algo brillante, algo extraño, que aparece en un mundo gris y opaco. No se molestan en preguntarse qué habrá detrás porque tampoco les importa. Es muy triste, pero es así.
¿Y todo por qué? Pues porque los seres humanos estamos más salidos que el pico de una plancha, hablando claramente. Inconscientemente, siempre estamos buscando a nuestra pareja ideal, al compañero perfecto con el que crear una familia, y vamos catalogando a la gente según nuestros intereses.
Y si el físico no encaja con lo que estamos buscando, mal empezamos, al menos con los que sólo les importa eso. Gente que conozco, que han conocido a personas realmente interesantes, puede que incluso pecualiares, personas con las que podrían haber tenido un bonito futuro por delante, se han echado para atrás o los han dejado por la típica excusa de: "es que no es mi tipo."
Ah, con que no es tu tipo. Vale, muy bien, pues vete con el chico guapo y atractivo, pero ¿qué pasará dentro de treinta, cuarenta, o cincuenta años? ¿Seguirá siendo tu tipo cuando le salgan arrugas, se le aclare el pelo y empiece a echar barriguita o caderitas? ¿No? ¿Entonces, qué harás? ¿Le dejarás por alguien más joven, ese chico también muy guapo pero al que le llevas más de veinte años?
Sí, brillante plan...
Ante estas cuestiones, la mayoría de la gente se encoge de hombros y dice: "es que falta mucho para eso". Cierto, falta mucho. Pero ese momento llegará algún día: la belleza de la que una vez te enamoraste se marchitará, se irá, y tú te quedarás con un perfecto desconocido del que nada sabes. La personalidad, el carisma, todo puede durar hasta el final de los días, pero el físico no, me temo.
Sin embargo, la gente es incapaz de ver más allá del mañana. No lo piensan, no se paran a reflexionar: ven una cara bonita y ahí se quedan, mirándola como si no hubiese otra cosa más en el mundo. Y eso no está mal, no está mal admirar la belleza, sobre todo si esta viene acompañada de una personalidad atrayente y distinta: lo malo es que lo segundo importa un bledo.
Esta mañana, por ejemplo, yo iba caminando por Madrid, por el Paseo del Prado, y me iba fijando en la gente que caminaba a mi lado: todo el mundo pasa de todo el mundo hasta que aparece la típica y joven guiri de largo pelo rubio preguntando por el Museum del Prraido. Es entonces cuando la gente - y los hombres, en este caso - se deshacen en sonrisas e indicaciones, en amabilidad y en miraditas de reojo, incluso, paladean sus propias palabras: <<¿Quieres que te lleve hasta ahí, guapa?>> La turista declina la invitación con una sonrisa de disculpa si el tipo no es de su agrado, pero como sea de su gusto le falta tiempo para sonreírle y mirarle como si fuera un ángel caído del cielo.
Ahora bien, si la que pregunta la dirección es una señora ya entrada en años de Badajoz - de Badajoz, Valladolid o Barcelona, que me da igual-, el tipo se limitará a hacer un movimiento de cabeza y a señalarle el museo con gesto seco: "por ahí"
En fin, todo amabilidad desinteresada.
¿Y qué pasa si no eres guapo? ¿Qué pasa si eres bajo? ¿Si te sobran algunos kilos? ¿Si llevas brackets o tienes gafas de culo de vaso? ¿Eres menos humanos por eso? Porque eso mismo es lo que parece: en las chicas, por ejemplo, siempre ha estado de moda eso de ocultar nuestros rasgos bajo una espesa capa de maquillaje, dejándonos caer en la desesperación cada vez que nos miramos en el espejo por esa nariz demasiado larga, esos ojos demasiado pequeños o esa mandíbula quizás demasiado prominente. Nos miramos, nos odiamos a nosotras mismas por no ser guapas y perfectas, y lo intentamos ocultar bajo doscientas capas de potingues varios, destrozándonos la piel y la autoestima en el intento. Y ya ni hablemos de la ropa: esa camiseta ajustada que resalta lo que me sobra, esos vaqueros que hacen que mis muslos parezcan auténticos embutidos...nos miramos y remiramos en el espejo asqueadas de nosotras mismas y deseando ser otra persona más perfecta, alguien como Heidi Klum, por ejemplo.
Y yo lo sé muy bien porque fui una de esas chicas: yo no soy guapa, para qué vamos a engañarnos, ni tengo atractivo físico ninguno. Estoy rellenita, tengo unos labios demasiado gruesos para mi cara, unas ojeras que llegan hasta mis mejillas y una nariz demasiado larga, en mi opinión. La gente me suele decir que tengo unos ojos muy bonitos, pero cuando te dicen eso, es que algo falla: si te dicen "qué ojazos tienes" a la primera, es que no han encontrado nada más en ti que les haya agradado. Porque en lo último que se fija la gente es en los ojos, y si pasa eso, es que, amigo, eres del montón.
- Con los ojos tan bonitos que tienes. Quítate el flequillo de encima, mujer - "Para algo bonito que tienes", casi puedo adivinar como se tragan esas palabras para no herirme con esos pensamientos.
Hace unos años, yo me torturaba mirándome en el espejo. Y aparte de los defectos que he comentado, me sacaba más de los que en realidad tengo: me ponía arrugas - ya ves, ¡y eso que sólo tenía 16 años! -, me ponía más granos de los que realmente tenía, mucha más mandíbula, piel seca y dientes torcidos.
Puede que ayudara el hecho de que,desde pequeña, los niños se metieran mucho conmigo por culpa de mi aspecto, por lo que siempre he estado muy acomplejada. Siempre escondida, siempre con el miedo creciente al rechazo social...
Hasta que un día no pude más. Y dije que hasta ahí había llegado. Vale que me sobren unos kilos. Vale que no tenga las medidas perfectas. Vale que no tenga un rostro de porcelana ni unos rasgos perfectos. Pero no soy ningún monstruo. Así he nacido, y por mucho que me torture, nada me hará cambiar de aspecto. Así que, en ese sentido, no vale la pena sufrir.
Si estás un poco gordito, ponte ropa que disimule los michelines. Vale. Si no eres muy guapo, ponte mucho maquillaje. De acuerdo. Si no tienes un cuerpo escultural, vete a una clínica de cirugía estética. Está bien. Allá cada uno con su vida. Pero yo que vosotros me preocuparía por cosas más importantes que por el físico.
Por el aspecto, no encontraréis a nadie. Si alguien se interesa realmente por otra persona, será solamente por su personalidad, por cómo es, no por esos ojos azules o por las medidas 90-60-90. Y si alguien se interesa solamente por esas cosas, bueno...quizás sea él o ella el que no merezca la pena.
Cierto, una de las cosas más importantes para las personas es el aspecto físico. Obviamente, la primera impresión que se queda en alguien que acabamos de conocer es el aspecto de cada uno: el problema es que la mayoría de la gente se queda ahí, como si fuera la único que importara. No ven más allá de las apariencias.
Si eres bajito, gordito y tienes gafas de culo de vaso, la mayoría de las personas no se molestarán en mirarte dos veces: simplemente, se encenderá una lucecita en su mente y te catalogaran como "no es guapo, no es atractivo, por lo tanto, no es interesante". Ya puedes tener una inteligencia arrolladora o una simpatía sin límites: si no abres la boca, te quedarás con esa calificación.
En cambio, un chico alto y fuerte, con pinta de tener ascendencia nórdica a juzgar por su pelo rubio y sus ojos azules, enseguida llamará la atención de todo el que le rodee. A lo mejor no es listo, quizás no tenga carisma, tal vez sea un lerdo de cuidado, pero...¡eh, es guapo, caray!
La gente se ciega con la belleza: son como niños observando algo brillante, algo extraño, que aparece en un mundo gris y opaco. No se molestan en preguntarse qué habrá detrás porque tampoco les importa. Es muy triste, pero es así.
¿Y todo por qué? Pues porque los seres humanos estamos más salidos que el pico de una plancha, hablando claramente. Inconscientemente, siempre estamos buscando a nuestra pareja ideal, al compañero perfecto con el que crear una familia, y vamos catalogando a la gente según nuestros intereses.
Y si el físico no encaja con lo que estamos buscando, mal empezamos, al menos con los que sólo les importa eso. Gente que conozco, que han conocido a personas realmente interesantes, puede que incluso pecualiares, personas con las que podrían haber tenido un bonito futuro por delante, se han echado para atrás o los han dejado por la típica excusa de: "es que no es mi tipo."
Ah, con que no es tu tipo. Vale, muy bien, pues vete con el chico guapo y atractivo, pero ¿qué pasará dentro de treinta, cuarenta, o cincuenta años? ¿Seguirá siendo tu tipo cuando le salgan arrugas, se le aclare el pelo y empiece a echar barriguita o caderitas? ¿No? ¿Entonces, qué harás? ¿Le dejarás por alguien más joven, ese chico también muy guapo pero al que le llevas más de veinte años?
Sí, brillante plan...
Ante estas cuestiones, la mayoría de la gente se encoge de hombros y dice: "es que falta mucho para eso". Cierto, falta mucho. Pero ese momento llegará algún día: la belleza de la que una vez te enamoraste se marchitará, se irá, y tú te quedarás con un perfecto desconocido del que nada sabes. La personalidad, el carisma, todo puede durar hasta el final de los días, pero el físico no, me temo.
Sin embargo, la gente es incapaz de ver más allá del mañana. No lo piensan, no se paran a reflexionar: ven una cara bonita y ahí se quedan, mirándola como si no hubiese otra cosa más en el mundo. Y eso no está mal, no está mal admirar la belleza, sobre todo si esta viene acompañada de una personalidad atrayente y distinta: lo malo es que lo segundo importa un bledo.
Esta mañana, por ejemplo, yo iba caminando por Madrid, por el Paseo del Prado, y me iba fijando en la gente que caminaba a mi lado: todo el mundo pasa de todo el mundo hasta que aparece la típica y joven guiri de largo pelo rubio preguntando por el Museum del Prraido. Es entonces cuando la gente - y los hombres, en este caso - se deshacen en sonrisas e indicaciones, en amabilidad y en miraditas de reojo, incluso, paladean sus propias palabras: <<¿Quieres que te lleve hasta ahí, guapa?>> La turista declina la invitación con una sonrisa de disculpa si el tipo no es de su agrado, pero como sea de su gusto le falta tiempo para sonreírle y mirarle como si fuera un ángel caído del cielo.
Ahora bien, si la que pregunta la dirección es una señora ya entrada en años de Badajoz - de Badajoz, Valladolid o Barcelona, que me da igual-, el tipo se limitará a hacer un movimiento de cabeza y a señalarle el museo con gesto seco: "por ahí"
En fin, todo amabilidad desinteresada.
¿Y qué pasa si no eres guapo? ¿Qué pasa si eres bajo? ¿Si te sobran algunos kilos? ¿Si llevas brackets o tienes gafas de culo de vaso? ¿Eres menos humanos por eso? Porque eso mismo es lo que parece: en las chicas, por ejemplo, siempre ha estado de moda eso de ocultar nuestros rasgos bajo una espesa capa de maquillaje, dejándonos caer en la desesperación cada vez que nos miramos en el espejo por esa nariz demasiado larga, esos ojos demasiado pequeños o esa mandíbula quizás demasiado prominente. Nos miramos, nos odiamos a nosotras mismas por no ser guapas y perfectas, y lo intentamos ocultar bajo doscientas capas de potingues varios, destrozándonos la piel y la autoestima en el intento. Y ya ni hablemos de la ropa: esa camiseta ajustada que resalta lo que me sobra, esos vaqueros que hacen que mis muslos parezcan auténticos embutidos...nos miramos y remiramos en el espejo asqueadas de nosotras mismas y deseando ser otra persona más perfecta, alguien como Heidi Klum, por ejemplo.
Y yo lo sé muy bien porque fui una de esas chicas: yo no soy guapa, para qué vamos a engañarnos, ni tengo atractivo físico ninguno. Estoy rellenita, tengo unos labios demasiado gruesos para mi cara, unas ojeras que llegan hasta mis mejillas y una nariz demasiado larga, en mi opinión. La gente me suele decir que tengo unos ojos muy bonitos, pero cuando te dicen eso, es que algo falla: si te dicen "qué ojazos tienes" a la primera, es que no han encontrado nada más en ti que les haya agradado. Porque en lo último que se fija la gente es en los ojos, y si pasa eso, es que, amigo, eres del montón.
- Con los ojos tan bonitos que tienes. Quítate el flequillo de encima, mujer - "Para algo bonito que tienes", casi puedo adivinar como se tragan esas palabras para no herirme con esos pensamientos.
Hace unos años, yo me torturaba mirándome en el espejo. Y aparte de los defectos que he comentado, me sacaba más de los que en realidad tengo: me ponía arrugas - ya ves, ¡y eso que sólo tenía 16 años! -, me ponía más granos de los que realmente tenía, mucha más mandíbula, piel seca y dientes torcidos.
Puede que ayudara el hecho de que,desde pequeña, los niños se metieran mucho conmigo por culpa de mi aspecto, por lo que siempre he estado muy acomplejada. Siempre escondida, siempre con el miedo creciente al rechazo social...
Hasta que un día no pude más. Y dije que hasta ahí había llegado. Vale que me sobren unos kilos. Vale que no tenga las medidas perfectas. Vale que no tenga un rostro de porcelana ni unos rasgos perfectos. Pero no soy ningún monstruo. Así he nacido, y por mucho que me torture, nada me hará cambiar de aspecto. Así que, en ese sentido, no vale la pena sufrir.
Si estás un poco gordito, ponte ropa que disimule los michelines. Vale. Si no eres muy guapo, ponte mucho maquillaje. De acuerdo. Si no tienes un cuerpo escultural, vete a una clínica de cirugía estética. Está bien. Allá cada uno con su vida. Pero yo que vosotros me preocuparía por cosas más importantes que por el físico.
Por el aspecto, no encontraréis a nadie. Si alguien se interesa realmente por otra persona, será solamente por su personalidad, por cómo es, no por esos ojos azules o por las medidas 90-60-90. Y si alguien se interesa solamente por esas cosas, bueno...quizás sea él o ella el que no merezca la pena.
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